Edilberto Valencia Méndez

Sentado en el borde del anden de su casa, Luis Antonio, jefe del hogar, un hombre emprendedor como el que más, observa consternado cómo todo está en silencio; sus hijos no juegan, su esposa no se ve atareada en la cocina preparando los acostumbrados manjares; todo está triste, todo huele a dolor y a muerte, como huele el cercano recuerdo de su padre dolorosamente asesinado por el letal Coronavirus; es una navidad triste y dolorosa.

Luis Antonio mira con dolor y un dejo de nostalgia las publicaciones que aparecen en las redes sociales, en las cuales muchas personas indolentes, publican ostentosos regalos navideños sin tener en cuenta que la mayoría de los hogares de este planeta, de una u otra forma han padecido los embates del asesino virus y para esas mayorías, la navidad es triste y dolorosa.

Y frente a su casa Luis Antonio observa a su vecina quien además de su progenitora perdió un hijo con la pandemia; la observa, observa cómo sus lágrimas involuntariamente recorren sus mejillas y entonces comprende que para ella está navidad es la más triste y dolorosa de su vida.

Luis Antonio se levanta de su puesto en el anden porque comienza a llover, llueve y esa lluvia monótona y pegajosa que también obliga a entrar a su vecina, sin pedir permiso entra por sus sienes, aumentando gradualmente el dolor y la tristeza; es una navidad triste y dolorosa.

En la sala se encuentra con su hija de 15 años, quien ensombrecida le pregunta si siempre podrán viajar donde sus abuelos en esta navidad; el hombre la abraza con tristeza y al acariciarle la cara le dice compungido: no mi amor, no podemos arriesgarnos a llevarle el virus a los abuelos y convertir la navidad en otra dolorosa despedida; no mi niña, esta navidad es diferente y aunque no queramos aceptarlo esta navidad huele a dolor y tragedia; ya nada es lo mismo, la nostalgia abusiva ha venido tejiendo una siniestra mortaja alrededor de todos los hogares; ya la navidad no parece navidad; ya la navidad solo huele a dolor y tristeza.

Y Luis Antonio se va donde su esposa a quien abrazando le comenta: no habrá pavo, no habrán platos especiales en esta noche buena, solo nos queda el amor de la familia y la fe en el Creador que la próxima navidad será para todos una alegre navidad.

Y entonces Luis Antonio, comprende que esta navidad no es una navidad…

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