Edilberto Valencia Méndez

La inhabilidad de Luis Fernando Almario Rojas para hacer política, el fallecimiento de importantes figuras como Juan Carlos Claros Pinzón, Nelson Oviedo Plazas, Félix Héctor Vanegas Salas, el retiro de las toldas de sus ancestros como es el caso de Héctor Mauricio Cuéllar Pinzón, tiene al partido conservador en el lecho de muerte.

La falta de una política de renovación de sus filas, la terquedad de casi todas sus figuras al no querer dar un paso al costado para que surjan nuevos líderes, el desmesurado apetito burocrático que ha contribuido a desprestigiarlo, son factores que tienen en el lecho de muerte al partido de Gómez y Ospina Pérez.

En la actualidad quizás solo le quedan algunas poquísimas figuras al otrora glorioso partido conservador del Caquetá; el ex-gobernador José Gil Cruz Becerra, el actual diputado a la asamblea Caquetá William Sánchez Anaya, los hermanos Duque con Juan Pablo a la cabeza y el ex-alcalde Leonardo Ducuara, quien tuvo una administración exitosa en Belén de los Andaquíes y tiene buena acogida en algunos municipios del Sur del Departamento.

El actual gobernador del Caquetá Arnulfo Gasca Trujillo, quien ganó las pasadas elecciones con más de 64 mil votos representando al partido conservador, es por derecho propio su actual jefe, está en la obligación de reorganizarlo, de buscar nuevas figuras en todo el Departamento, de hacerlo más democrático y ante todo de hacer una buena administración que les sirva de carta de presentación al partido y lo presente como verdadera opción de poder para las elecciones de ahora en adelante.

Vistas así las cosas el partido conservador en el Caquetá aún no está muerto, pero sí en cuidados intensivos; eso es innegable, el gobernador y los pocos líderes que aún quedan están en la perentoria obligación de revivirlo, de convertirlo de nuevo en esa importante opción de poder que por muchos años hizo del conservador, el partido de los que no tienen voz en la República de Colombia.

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