A las 2 de la tarde y en medio de un sol canicular, despues de siete y medio días de contínuas lluvias, la caravana de paramédico llegó a mi casa; la operación vacuna había comenzado.

Un joven, quien se identificó como el Jefe de quienes llegaron, enviados por el neumólogo Faiber Salazar, Gerente de la E.S.E Rafael Tovar Poveda del municipio de Belén de los Andaquíes, nos informó que venían a aplicarmen la vacuna contra el Coronavirus, en concordancia con mi edad y las enfermedades crónicas que me aquejan; acto seguido procedieron a entrar a la casa dos enfermeras y el apoyo de Misión Médica conjuntamente con el Jefe.

Mientras las enfermeras preparaban la vacuna, tomaban mis datos personales para registrarlos en una especie de bitácora; una enfermera, casualmente mi vecina, procedió a tormarme la temperatura y la presión arterial constatando que todo estaba normal mientras mi compañera les suministraba datos, vigilaba qué tipo de vacuna me iban a aplicar, si estaba completa y mi hija, acuciosamente tomaba imágenes de todo el proceso para ilustrar la presente nota.

Entonces llegó el momento culminante: entró a mi habitación una enfermera enarbolando la jeringa como una espada de Damocles que pendía peligrosamente sobre mi inofensivo hombro; la enfermera me miró entre agresiva y asustada y luego me dijo con voz temblorosa como para completar la escena: esta es la vacuna del Coronavirus que venimos a aplicarle a su casa de acuerdo a lo establecido por el gobierno nacional y por nuestra E.S.E Rafael Tovar Poveda, vacuna que le puede producir algo de dolor en el brazo, alguna roncha, posible fiebre y sudoración, pero luego estará todo normal; ¿de acuerdo?

Y entonces me hundió la espada, perdón, la jeringa; un dolorcillo no muy fuerte me comenzó a caminar por el hombro, dolorcillo que desapareció a los 10 segundos de haberme aplicado la vacuna, situación que continúa siendo normal al cierre de la presente nota.

Como capítulo final el Jefe se me acercó con unos papeles en la mano y me dijo que si estaba de acuerdo con todo el proceso y la vacuna me había sido aplicada correctamente, le firmara aquí y le firmara allá. Le firmé y con una gentileza extraordinaria se despidió diciéndome que continuarían con ese proceso en toda la cabecera municipal de Belén, cuya E.S.E, que abarca los hospitales de San José, Albania y Curillo, están cumpliendo a cabalidad con el proceso de vacunación.

De esta manera la operación vacuna en mi caso había terminado; 28 días después me aplicarán la segunda dosis y una semana después, si todo se desarrolla normalmente, seré una persona inmunizada contra el Covid-19, sin problemas de ninguna especie tales como chips, enfermedades raras y otros cuentos que se han inventado en las redes sociales. Vacunarse es protegerte a ti mismo, proteger a tu familia y proteger a quienes te rodean. En mi caso y después de la próxima dosis, la operación vacuna habrá terminado.

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