Casi la totalidad del país en toque de queda, las UCI colapsadas a nivel nacional, el retroseso en las medidas para recuperar la economía, miles de personas llorando la pérdida de sus seres queridos, restricciones de movilidad a todos los niveles y una dirigencia nacional, departamental y municipal asustada son las consecuencias inmediatas de la venganza del Coronavirus asesino ante la desidia y la frescura de un pueblo que no aprendió la lección y que ahora tendrá que hacerlo por la fuerza.

Los viajes, los paseos de olla, las fiestas, los asados y toda clase de celebraciones en estas épocas navideñas, fueron tan exageradas que parecía que a la gente la tuvieran encerradas en corrales como al ganado y ahora le hubieran abierto los bretes para salir corriendo en busca de una libertad imaginaria; tal parece que nuestra mente solo esté condicionada a la fiesta y a la francachelas; la disciplina no está en nuestro diario vivir donde todo se reduce a «bebamos y comamos que mañana moriremos».

Ante el primer ataque del Covid-19, el Presidente de la República, los gobernadores sin excepción y la mayoría de los alcaldes del país implementaron agresivas y efectivas medidas para contener el avance de la pandemia; pero con el correr de los días, la presión de los gremios económicos y el cuentico de que había que aprender a convivir con el virus todo se fue flexibilizando hasta tal punto de que ahora, se vino un rebrote asesino que tiene asustada a la dirigencia nacional obligándola a retomar medidas que si no se hubiesen levantado, hoy no serían necesarias.

Muchos de los alcaldes y gobernadores que por congraciarse con los cacaos del comercio y de las empresas se dieron ante sus pretensiones, organizando incluso eventos posando bobaliconicamente ante los medios para parecer como recuperadores de la economía, hoy están asustados, pues no solamente han visto el error que cometieron sino que en muchos casos han sufrido en carne propia la pérdida de seres queridos, únicos hechos que los han puesto en razón.

Mañana arranca el último puente festivo navideño y por ende y a pesar de las medidas restrictivas, muchos ciudadanos como el ganado, perderán la cabeza por el brete de la diversión, los viajes, paseos y piñatas, arriesgando llevar o traer el virus asesino y ayudándole a expandirse por todas partes para ver si de esta manera los colombianos aprendemos la lección.

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