De nuevo la sombra de las garras de glifosato oscurecen el panorama ecológico de los departamentos del Cauca, Putumayo, Caquetá y Guaviare al Sur de Colombia; por medio de un Decreto el gobierno nacional ya estableció el protocolo para una potencial fumigación con el peligroso veneno, buscando de esa forma erradicar los cultivos de coca que no se pudieron acabar manualmente.

De nuevo los campesinos quedarán entre la espada y la pared puesto que en muchos casos el gobierno no les cumplió con los subsidios, razón por la cual los cultivos continuaron y el Presidente Duque presionado como siempre por los Estados Unidos, decidió regresar al sistema de aspersión que tan gravísimos daños le ha hecho al país.

Organizaciones científicas de Estados Unidos y de Europa, han demostrado hasta la saciedad los peligros del glifosato para los ecosistemas y para las personas, peligros que no se tienen en cuenta a la hora de cumplir con los intereses económicos del Coloso del Norte.

Los mismos campesinos se preguntan el por qué no se usan los dineros empleados en la compra de glifosato, en la compra de combustible para los aviones en el pago de horas de vuelo, para proceder a la eliminación manual de los cultivos, al pago de trabajadores o de los propios campesinos para que elimine sus cultivos de coca y puedan de esa manera no estar expuestos al terrible peligro que significa la fumigación con glifosato.

De nuevo las garras de glifosato se ciernen sobre el Sur de Colombia, de nuevo los campesinos tendrá que salir corriendo cuando escuchen el ruido de los aviones y las avionetas regando su letal veneno, de nuevo el campesino estará entre la espada y la pared. Ojalá que el gobierno nacional recapacite y busque otros mecanismos para eliminar los cultivos ilícitos sin poner en peligro la vida y los ecosistemas del Sur de Colombia.

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