Por. Celia Pacheco

A las 5 de la mañana todo es movimiento en el Palacio Presidencial; los escoltas del Presidente seguidos del equipo de prensa corren para lado y lado preparando la salida del mandatario; en la alcoba Presidencial la Primera Dama le dice: báñese rápido mijo que ya comienza el operativo del siglo: la vacuna contra el Covid 19.

Como un resorte el hombre se levanta mientras su esposa le alista la mejor muda de ropa, vacilando entre una corbata roja y una azul,mientras que la Secretaria Privada de la Presidencia, entra a la alcoba, saluda con un »buenas» y tomando del nochero el celular del Presidente, comienza a llamar a los Ministros y a los Comandantes del Ejército, la Policía la Armada y la Fuerza Aérea diciéndoles a todos que en media hora se encuentran en el aeropuerto de la capital, por que a las 8 de la mañana tienen que estar en la ciudad acordada para recibir las vacunas contra el Covid.

Amanece y en todo el país hay una verdadera revolución: comienza la vacunación; las médicas y enfermeras primeras en ser vacunadas están saliendo a la carrera de los salones de belleza; los médicos que recibirán las primeras dosis están escogiendo sus mejores batas; los camarógrafos y periodistas en las primeras ciudades corren para lado y lado buscando ser los primeros en enviar imágenes y las notas de las primeras vacunas; quienes siguen al Presidente luchan a brazo partido por obtener el mejor sitio donde tomar la foto o la imagen a la primera vacuna, mientras que a los trancazos tratan de entrevistar al mandatario repitiendo un millón de veces la historia de esa pobre vacuna que asustada en un frasquito lucha por no caerse, en medio de la pandemia de periodistas, agentes secretos, militares, lagartos y el Presidente de la República.

Es la operación del siglo, es lo increíble de lo increíble de las Repúblicas bananeras; es la parodia trágica de las Repúblicas pobres que no encuentra ya como malgastar la plata que no tienen; miles y miles de personas entrenadas para poner unas pocas vacunas; cientos de miles de millones gastados en gasolina para aviones, para carros, en congeladores, en infriadores; una enorme y escandalosa logística que bien se podría hacer con los numerosos vacunadores que ya tiene el país; pero óigase bien: se reactivó la economía, se crearon empleos donde donde no se necesitaban y se logró generar una nueva estadística para poderle señalar al país que la economía se está recuperando por que se crearon miles y miles de empleos para una vacuna a la cual ya le sobraban vacunadores.

Coletilla.
Uno de los gobernadores, reconocido por ser un trabajador incansable y a quien le tocó comandar el simulacro de vacunación conjuntamente con el alcalde de la capital, con una sonrisa maliciosa le dijo a los periodistas que lo acosaban con preguntas bobaliconas: entrevisten a la vacuna que ella sabe más que yo.

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