Edilberto Valencia Méndez
Edilberto Valencia Méndez
Edilberto Valencia Méndez

La discusión bizantina que por estos días se da en las comisiones económicas del Congreso, con el fin de establecer cómo se van a distribuir las regalías en el país, son un sofisma de distracción puesto que Colombia cuya economía depende de la explotación de combustibles fósiles, va camino al colapso de su economía, quizás en menos de una década.

Y eso va suceder por razones muy contundentes: Irán acaba de descubrir un gigantesco pozo petrolero que lo pondrá a la cabeza de la exportación de crudo a nivel mundial, superando a los Estados Unidos que desesperadamente y mediante el fracking, trata de sostener esa producción. Ese aumento inusitado de la producción mundial necesariamente bajará los precios de los pequeños países productores de petróleo, como es el caso de Colombia, Ecuador y aún Venezuela. Entonces la discusión por el reparto de las regalías será innecesaria, puesto que el país con precios a bajos niveles no podrá sostener el ritmo de sus exportaciones petroleras, y mucho menos de las explotaciones de carbón.

La mina de carbón del Cerrejón, la más grande del mundo, con miles de trabajadores, para la cual se desvío el río Rancherías dejando sin agua a los Wayuú, está produciendo a pérdida y su dueño está buscando desesperadamente comprador en todo el mundo; sin ningún plan por parte del gobierno nacional o de la empresa para asumir a esos miles de trabajadores, dejando un grave problema social a la guajira y al Cesar; de la noche a la mañana la mina cerrará dejará sólo un inmenso hueco como prueba contundente de la inmensa capacidad del hombre para destruir la naturaleza. Eso es irreversible y las altas esferas del gobierno nacional lo saben.

Por otro lado, la repartición de las regalías que por primera vez en la historia está llevando recursos a las regiones olvidadas de Colombia como es el caso del Caquetá, solo busca crear una infraestructura vial inmediata que le permita al gobierno nacional sacar en el menor tiempo posible, el petróleo de los 50 pozos que están en construcción en los municipios de Morelia, Florencia, Belén, Solano, e incluso Paujil y Milán; por eso las autoridades nacionales están anunciando con bombos y platillos la construcción de corredores turísticos para incrementar la economía, con la construcción de un anillo de malecones en Montañita, Florencia, Morelia, Belén de los Andaquíes y San José del Fragua. Es la cortina de humo perfecta para esconder el colapso de la economía nacional que se vendrá en al menos una década, tal como lo predicen algunos economistas internacionales.

Esas regalías de las cuales tanto se discute en el Congreso, deberían estar direccionadas de forma inmediata en la creación y establecimiento de energías limpias, tales como la eólica, fotovoltáica y otras que nada tienen que ver con los combustibles fósiles, previendo el colapso que en pocos años se puede presentar; el viejo cuento de que la explotación petrolera genera progreso, es una falacia; Casanare es un ejemplo: allí la explotación petrolera destruyó la economía agropecuaria y llevó las sanas costumbres de los lugareños a la degradación: casas de lenocinio, bares, cantinas y paramilitarismo son el común denominador que el petróleo le dejó como herencia a un pueblo pujante y trabajador, y al paso que vamos, en pocos años eso se dará en el Caquetá, donde el espejismo de las regalías le dará paso a la degradación económica y social de la Puerta de Oro de la Amazonía Colombiana.

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