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OPINIÓN

El asesinato de un hombre bueno

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A eso de las 5 de la tarde del 22 de diciembre del 2009 estoy a las afueras de la Parroquia el Divino Niño, de uno de los sectores del barrio las Malvinas de Florencia, con mi amigo Wilmer Rua, Jefe de Prensa de la gobernación del Caquetá, a la espera de noticias sobre el gobernador Luis Francisco Cuéllar Carvajal, quien había sido secuestrado el día anterior por la columna Teófilo Forero de las FARC, cuando mi amigo recibe una llamada vía celular, palidece, me mira y luego me dice: lo mataron, ya lo traen en un helicóptero del Ejército.

Anonadado entro a la capilla que estaba atestada de gente en una Misa que ofrecía la entonces alcaldesa de Florencia Gloria Patricia Farfán Gutiérrez, para orar por la vida del gobernador; avanzo hasta el púlpito donde en ese momento la mandataria se dirige a los feligreses pidiéndoles que oren por la vida de Don Luis, como cariñosamente le decían los caqueteños.

Al verme, ella se queda en silencio mientras me acerco y le digo al oído: lo mataron, ya lo traen en helicóptero. Ella palidece mientras todo el mundo la observa a la expectativa; y entonces dice: la noticia es terrible, asesinaron al gobernador. La desbandada es total, nadie queda en la pequeña capilla.

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A eso de las 10 y 15 minutos de la noche del día anterior, un comando guerrillero de entre 15 y 18 hombres, llegó a la casa del gobernador ubicada en el barrio Pablo VI de Florencia, asesinó a balazos al patrullero que custodiaba la entrada de la casa, con el estallido de una granada abrieron la puerta, entraron hasta la alcoba del mandatario quien precisamente estaba cumpliendo 68 años de edad; él opuso férrea resistencia, se aferró a las paredes y a la puerta para no dejarse llevar, luchó con todas sus fuerzas pues era la quinta vez que lo secuestraban, pero los guerrilleros lograron subirlo a una de las camionetas donde se transportaban y emprendieron veloz huida hacia la salida de Florencia, por el sector de la cordillera. Alguien alertó a la policía y al Ejército y entonces comenzó una endemoniada persecución.

La guerrilla no logró sacarlo de la zona boscosa de las entradas a Florencia y al verse acosada, uno de los guerrilleros lo degolló a sangre fría, le colocó explosivos bajo su cuerpo como una trampa para cuando lo hallaran y escapó. A esa de las 4 de la tarde del 22 de diciembre del 2009 el Ejército lo encontró y lo aerotransportó a las instalaciones de la XII Brigada de Florencia.

La noticia corrió como reguero de pólvora, habían asesinado a un hombre bueno, a un hombre que todo el mundo quería por su carisma, su sencillez y su generosidad; hace 12 años fue asesinado y desde entonces el Caquetá no se recupera de un crimen atroz que partió en dos la historia del único departamento del país que ha tenido dos gobernadores asesinados en ejercicio, varios alcaldes y numerosos concejales.

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