El tumulto se formó pasado el mediodía en un andén frente al parque Santander de Florencia Caquetá; péguele gritaba una vieja emocionada, dele duro decía un eterno desocupado del parque mientras más y más personas se aglomeraban para chismosear la escena, ojo que lo va a matar, decía un viejito mientras apuraba un tinto, y en el piso, una mujer de alrededor de unos 40 años montada sobre un anciano de alrededor de 65, le zarandeaba la cabeza y repetidamente lo golpeaba contra el cemento…nadie se imaginó que el anciano, al que le decían “Guevo Ñao”, moriría minutos después en una clínica, a causa de los golpes, dice la gente, a causa de un infarto, como dictaminó el médico que lo recibió. 

El epílogo de esta dolorosa historia quedó registrada en los videos que publicamos, videos que llegaron a nuestra sala de redacción, que fueron tomados por los transeúntes que por esos momentos pasaban por el lugar y en los cuales se evidencia la insolidaridad de la gente que pudiendo evitar la tragedia no lo hizo, quizás porque estaban acostumbrados a los continuos escándalos que la pareja protagonizaba en el centro de la ciudad. 

Mauricio Cuéllar Pinzón
Jose leonel Guarnizo
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Libro Florencia
El punto de los siete sabores LINEA DE CÁRNICOS YUAKI

Todo comenzó a mediados del 2001, cuando Libardo Osorio Sterling, “Guevo Ñao”, tenía alrededor de 50 años y se enamoró perdidamente de Yolanda Artunduaga, una hermosa jovencita quien pasados los 20 años, deslumbraba a propios y extraños por su exuberante belleza y por el número de pretendientes que la asediaban. 

Y Cupido funcionó, y se fueron a vivir juntos y los problemas comenzaron, al comienzo fueron pequeñas discusiones que poco a poco fueron subiendo de tono hasta que de un momento a otro se perdieron el respeto, pasaron a las manos y los escándalos se sucedieron casi todos los días y los hijos de ella de una anterior unión y una hija de los dos fueron puestos en custodia por Bienestar Familiar, porque la pareja comenzó a vivir un verdadero infierno. 

Poco a poco la juventud, la corpulencia física y un patente desequilibrio mental, hicieron que Yolanda comenzara a pegarle a su marido, primero algunos golpes y poco a poco verdaderas golpizas como la que sucedió en el parque y la que supuestamente le costó la vida. 

La mujer comenzó a presentar verdaderos cuadros de demencia y por eso  estuvo internada en la unidad de cuidados mentales del Hospital María Inmaculada de Florencia, mientras que sus tres hijos y la niña que tuvo con Libardo, pasaban a Bienestar Familiar para su custodia. 

Todo el mundo especulaba que ella no lo quería, que solo le interesaba la jugosa pensión de la gobernación que él religiosamente cobraba cada mes y que en la mayoría de los casos se la entregaba para sus gastos, sus caprichos y posiblemente su “admirador de turno”; cuando el dinero no alcanzaba para satisfacer sus caprichos, venía la pelea y por consiguiente la paliza, porque él en los últimos años, como producto de su edad y de algunas dolencias, no tenía fuerza en una pierna y en un brazo y ella se aprovechaba de esa debilidad para dominarlo físicamente. 

Después de la última pelea en el parque Santander, en donde ella lo golpeó repetidamente contra el piso mientras la gente morbosamente miraba sin hacer nada para evitarlo, “Guevo Ñao” se sintió mal, con dolor en el pecho, fue llevado a una clínica donde falleció a los pocos minutos; muerte por infarto, dijo el médico, lo mató a golpes, dice la gente. 

Y sucedió lo que tenía que suceder, otra muerte anunciada que se comenzó a gestar con el noviazgo en el 2001 y que terminó el martes 9 de mayo de 2017 cuando ella tuvo que asistir a la Casa de Justicia,  donde estaba citada por problemas relacionados con la custodia de sus hijos; allí trató mal a un funcionario y se evidenció su mal genio y sus ganas de pelear, y la pelea se concretó pasada la una de la tarde en un andén frente al parque donde Yolanda lo golpeó hasta que alguien se conmovió y los separó…Guevo Ñao por fin descansó de su amorío enfermizo y ese amorío, muy seguramente tratará de obtener la pensión que tanto anhela y que explotó al máximo en vida de su  eterno admirador.

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