El objetivo fundamental del paro nacional convocado por las centrales obreras en concordancia con el comando nacional de paro era tumbar el proyecto de reforma tributaria del Presidente Duque y su Ministro Carrasquilla. Eso se logró y de lógica sería la razón fundamental para levantar el paro nacional. A parar el paro sería la consigna que de lógica se veía venir.

Pero el paro continuó, el vandalismo en algunas ciudades continuó, los abusos de la fuerza pública en algunos casos también continuaron, nuevos actores como los indígenas y los transportadores entran a fortalecer el paro agudizando el hambre y el desempleo que ha producido la pandemia, polarizando aún más las clases sociales generando un desgaste innecesario en la población.

La continuidad del paro está produciendo gravísimas secuelas en ciudades como Cali, Bogotá y Barranquilla que en medio del aterrador tercer pico de la pandemia, con el bloqueo de sus vías, la consecuente falta de alimento y combustible se está convirtiendo en un polvorín, que ya está estallando con saqueos a supermercados y almacenes de grandes superficies.

Eso ha obligado al gobierno a militarizar las ciudades y de empeorar las cosas a implantar medidas más drásticas, tales como el Estado de Conmoción Interior, medidas que serían fatídicas para el país y que nos devolverían muchos años atrás en la escala de la paz y el progreso.

Vistas así las cosas el Gobierno Nacional necesita tener las manos libres para atender la pandemia y a su vez implantar medidas eficaces para reactivar la economía y contener el hambre, y eso no lo puede hacer atendiendo revueltas, paros y asonadas. Por eso parar el paro debe ser la consigna inmediata y centrarse en las negociaciones es el camino a seguir. Todo lo anterior es apenas una opinión susceptible de ser debatidas por nuestros queridos lectores.

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