La cárcel de los abuelos

Por sentencia sin juicio previo, los mayores de 70 años, fueron condenados sin derecho a la defensa, a prisión domiciliaria por el Presidente Iván Duque; quien lo creyera, la propia casa de los abuelos se convirtió en su cárcel.

Y los delitos que les achacan son gravísimos: los abuelos construyeron este país, las grandes fábricas, las empresas, las carreteras, los puentes, el sistema educativo, los templos, los caminos veredales; iniciaron las temibles cosechas de café, de arroz, las primeras emisoras, la televisión y los bancos que ahora son de alguien que se enriqueció con el famoso UPAC y ahora presiona al gobierno para que mantenga los abuelos en su propia cárcel.

Esos delincuentes de cabello blanco y caminar pausado, construyeron escuelas, colegios y universidades, fueron docentes, sacerdotes, médicos, ingenieros, empresarios, comerciantes, artistas, aviadores e incluso científicos de renombre mundial, pero ahora están en la cárcel donde fueron enviados de un plumazo sin que puedan decir: esta boca es mía.

Y esos criminales de mirada de nostalgia, no tienen derecho a nada en su prisión de pandemia, que se defiendan como puedan y si acaso y milagrosamente lograron una pírrica pensión, no tienen al menos, moratoria en sus créditos, ni congelación de sus deudas; no, ellos deben pagar sus crímenes de lesa humanidad abandonados por aquellos que formaron y a quienes dieron lo mejor de sus vidas.

Nadie tiene en cuenta que esos criminales de paso lento y gorrita de cuero, aún piensan, leen, escriben, prodigan sus conocimientos, son fuente inagotable de consejos y a ellos acudimos cuando las cosas se ponen color de hormiga.

En la cárcel que ellos mismos construyeron, se lamentan en silencio del oprobio de su propio Presidente, a quien ayudaron a elegir y que ahora les puso el pie en el cuello para que no pudieran protestar.

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