En la tierra de la salsa y la cumbia bailar es un pecado

LADY JOHANA PALACIO GAVIRIA - abogada
Politecnico gran colombiano florencia caqueta
Politecnico gran colombiano florencia caqueta

Definitivamente los colombianos somos el parto extremo del realismo mágico porque tenemos el mayor número de fiestas del mundo y somos los creadores por naturaleza del baile, padres del vallenato, la salsa, la cumbia, la música campesina, La Cucharita y el merecumbé, inventores de la fiesta del diablo, la de los negritos de Pasto, el festival del burro, la fiesta de la arepa, del choclo y todos los reinados y festivales habidos y por haber, pero eso sí, solo nosotros podemos bailar porque si lo hace un extranjero con una guerrillera en La Guajira, la fiesta está prohibida y el baile es un pecado.

 No estamos en contra ni a favor de nadie y no es nuestra intención politizar esta columna o convertirla en un debate, simplemente nos vanagloriamos de vivir en Macondo, un país en donde todo está permitido, en donde la rumba es el pan de cada día, pero en donde otros no pueden hacer lo que nosotros hacemos porque se forma la trifulca; es como cuando de niños nos quitan un juguete viejo que no usamos, pero eso sí, si nos lo quitan armamos la trifulca del siglo.

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 Solo nosotros podemos comer natilla, buñuelos, dulce de nochebuena y  enrumbarnos el 24 el 25, el 31 e ir al paseo de reyes, solo nosotros podemos celebrar la navidad y el año nuevo, solo nosotros podemos cerrar la calle, poner el equipo a todo volumen y bailar con todas las muchachas de la cuadra en épocas de fiestas, que por lo general es todo el año; los guerrilleros desmovilizados no tienen derecho a eso, ni más faltaba, ellos no tienen corazón, ni alma y por lo tanto no se alegran, no se les mueve la cadera, no se mueven al compás de un vallenato o de una furrusca campesina, nanay cucas, ellos están condenados a vivir en el sótano de la tristeza por séculas seculorum.

LADY JOHANA PALACIO GAVIRIA - abogada

 Y hay de que les dé por bailar, o por tomarse una cerveza, o un trago, o cantar, o comer natilla y buñuelos como los demás mortales; que peligro, que mal ejemplo para la “sociedad”; si lo hace La Gurisati enfila baterías con todo su equipo contra ellos, entrevista hasta el mono de la pila del Centro Democrático para que se escandalicen de semejante sacrilegio, para que vuele agua al zarzo, para demostrar que la paz es un circo y por lo tanto se debe acabar con ella y volver a alistar los fusiles para otros 50 años de guerra.

 Y mientras tanto, que siga reinando la salsa en la Feria de Cali, el pasodoble en la Feria de Manizales,  el Joropo en El Festival del Llano, el vallenato en las fiestas de Valledupar, la cumbia, el mapalé y el merecumbé en Curramba La Bella, el baile del “Yariseño” en San Vicente del Caguán, la rumba campesina en las fiestas de Florencia, el Sanjuanero en El Huila, que viva la fiesta y que los desmovilizados sean enterrados para siempre en el valle donde no se puede hablar, ni respirar y mucho menos celebrar porque, ellos no tienen corazón, no se les arruga el alma, no sienten mariposas en el estómago;  la rumba para ellos es pecado y es pecado en un país donde permanentemente nadamos en la rumba.

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