El petróleo es desolación y muerte

Salto del Caraño - Florencia Caquetá Colombia. fotografía: Kamilo Ardila
Salto del Caraño - Florencia Caquetá Colombia. fotografía: Kamilo Ardila
LADY JOHANA PALACIO GAVIRIA - abogada
Politecnico gran colombiano florencia caqueta
Politecnico gran colombiano florencia caqueta

La reciente tragedia del pozo 158 de la quebrada Lizama en Santander, en la vereda La Fortuna cerca de Barrancabermeja, que durante 24 días duró contaminando ríos y quebradas, entre estas Caño Muerto, la misma Lizama y el Río Sogamozo, causando la pérdida de miles de peces, cultivos, animales de toda clase, poniendo el ganado y las familias en graves aprietos por la falta de agua, contaminando 24 kilómetros de fuentes hídricas, tragedia considerada como la peor de Colombia en toda su historia, no es más que una prueba contundente de que el petróleo es desolación y muerte, y que lo que sucedió en Santander bien puede suceder en el Caquetá en donde la Emerald Energy pretende instalar 5 plataformas multipozo con 50 pozos en la cuenca de los ríos Bodoquero, Pescado y Caquetá, en jurisdicción de los municipios de Morelia, Valparaíso y Milán.

Quienes aseguran que el petróleo es progreso, que trae grandes obras de infraestructura a las regiones, que optimiza las vías, que es estrictamente necesario para el fortalecimiento de las finanzas del país, quieren ignorar olímpicamente que donde la explotación petrolera llega, llega la desolación, la muerte, las malas costumbres, los derrames, los accidentes, se secan las fuentes de agua y los lagos, lagunas y humedales poco a poco dan paso a desiertos en los cuales la vida se extingue inexorablemente.

Si el petróleo es un negocio, extremadamente riesgoso por los peligros que conlleva su explotación y transporte, es importante entender que el agua, que es vida, es un negocio mucho más lucrativo y que si el país entiende eso, no solo se logran los recursos que se necesitan con la explotación petrolera, sino que se superan esos recaudos sin poner en peligro el medio ambiente y asegurando la sostenibilidad ecológica en las regiones; veamos por qué.

Un barril de petróleo es equivalente a 42 galones que son iguales a 159 litros, y el valor promedio de un barril de petróleo es de 60 dólares que son equivalentes en promedio a 180.000 pesos.

Un barril de agua con sus 159 litros, a razón de 2.000 pesos litro, tiene un valor de 318.000 pesos, casi el doble de lo que cuesta un barril de petróleo, además sin la necesidad de invertir gigantescos recursos para su explotación, puesto que la sola instalación de un pozo petrolero tiene un costo mínimo de 100 millones de dólares que equivalen a 300.000 millones de pesos.

Balneario "Las Pailas" - Florencia Caquetá Colombia. fotografía: Kamilo Ardila

Balneario “Las Pailas” – Florencia Caquetá Colombia. fotografía: Kamilo Ardila

LADY JOHANA PALACIO GAVIRIA - abogada

Por qué, en vez de convertir al Caquetá en un emporio petrolero con las terribles consecuencias que esto trae para la exuberante naturaleza de corte amazónico, por qué no aprovechar su riqueza hídrica para montar grandes fábricas de agua que llevarían el precioso líquido al interior del país y aún a otros países que ya están buscando el agua que tenemos?

Para los 50 pozos petroleros que pretende la Emerald poner en funcionamiento en la cuenca del Bodoquero, se necesitan para su instalación 33 millones 600 mil litros de agua y para su funcionamiento permantente, 300.000 litros más por hora; con esto acabarán inexorablemte los ríos Pescado y Bodoquero, con sus afluentes y humedales llevándose en los cachos a cientos de campesinos, ganaderos y miles de habitantes de Morelia, Valparaíso y Milán, eso sin contar que las enormes teas o chimeneas que cada pozo utiliza para quemar el gas, contamina la atmósfera, desorienta las aves, acaba con las abejas que son las que polinizan las platantas para que haya comida, y lo que es peor, esa contaminación es cancerígena, como ya se ha demostrado en muchos lugares del mundo.

Como es apenas obvio y siempre defendiendo los intereses económicos de los accionistas de las multinacionales del petróleo, los publicistas y técnicos de esas empresas le dibujan a las comunidades pajaritos de oro, les prometen esta vida y la otra y aseguran, juran y perjuran que no van a acabar con el agua; solo que cuando lo hacen, como ya ocurrió en otros departamentos, sacan una y mil disculpas, entregan cualquier migaja como reparación y dejan a la región entre la contaminación y la sequía como ya sucedió en Arauca, Casanare, el Huila y como ya está sucediendo en Santander.

Ahora van a proliferar las publicaciones y los medios que defenderán la intromisión petrolera en el Caquetá, y no faltarán los judas modernos que vendan sus conceptos y su pluma por cualquier denario sin importarles el presente y el futuro de las generaciones actuales y venideras que serán quienes tengan que afrontar la desolación y la muerte que trae la explotación de hidrocarburos, y también van a proliferar los fariseos que ataquen a los defensores del medio ambiente como ya lo están haciendo con el Obispo de la Diócesis de Florencia, Monseñor Omar de Jesús Mejía Giraldo, quien a través de un estudio serio hecho con el patrocinio de la fundación Cáritas, demostró los graves peligros que representa esa explotación en la región. Los caqueteños tenemos la última palabra: o defendemos lo nuestro o agachamos la cerviz y como los indios de la conquista española, cambiaremos nuestra riqueza que es el agua , por los espejitos que representan unos pocos dólares manchados de aceite, de contaminación y de muerte.

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