El periodismo ambiental está cojo en Colombia

LADY JOHANA PALACIO GAVIRIA - abogada
Politecnico gran colombiano florencia caqueta
Politecnico gran colombiano florencia caqueta

El periodismo ambiental, que según los sabios en el tema “ se ocupa de la actualidad en la información sobre el medio ambiente, con datos, hechos y sucesos que le permiten al ciudadano formarse una opinión sobre el entorno que lo rodea y crea conciencia sobre la defensa del patrimonio natural del hombre”, en Colombia está cojo; se necesita que se produzcan hechos excepcionales para saltar a la palestra, como lo que está sucediendo en Hidroituango, como lo que ha sucedido con los desastres producidos por derrames de crudo, como las alarmas que se han encendido en el Caquetá por la posible construcción de represas que serían estocadas mortales para el medio ambiente regional.

 

El periodismo ambiental ante todo es un periodismo de prevención, que se ocupa de prevenir a la ciudadanía sobre posibles fallas e incluso desastres que se pueden presentar por la manipulación inadecuada del medio ambiente, como sucede con las represas que si bien producen energía eléctria limpia y a menores costos, su construcción implica daños irreversibles al medio ambiente, destrucción de la capa vegetal de cientos de kilómetros, destrucción del hábitat de muchas especies, interrupción de el ciclo de los peces que afecta su supervivencia en miles de kilómetros, como ya sucedió en el Quimbo y el propio Hidroituango,  afectando gravemente la vida humana, afectando a miles de familias que tienen el sustento en la pesca y en las actividades agropecuarias ribereñas.

Con sus denuncias bien argumentadas y precisas, este tipo de periodismo puede evitar la presencia de catástrofes como las que producen los derrames de petróleo ya sea por atentados, accidentes o negligencia de las petroleras, como lo sucedido en Lizama Santander donde Ecopetrol “olvidó” sellar adecuadamente un pozo que estalló produciendo una debacle nacional, a pesar de que algunos medios de comunicación de esa región habían prevenido sobre lo que podría suceder en esa zona del país.

La potencial y gravísima catástrofe que algunos medios, incluyendo Selva.com.co, se han atrevido a predecir con base en los informes allegados sobre Hidroituango, bien podría ser un capítulo doloroso de una tragedia anunciada que los contratistas y accionistas del proyecto no quieren reconocer, pero que si desafortunadamente se da, se convertirá en una pieza clásica de lo que puede hacer el periodismo ambiental, que en este caso ha obligado al gobierno nacional a tomar serias aunque incompletas medidas de contingencia y a los directivos del proyecto a soltar a cuentagotas la alarmante información que poseen y que vaticina un desastre sin precedentes en la historia de Colombia.

LADY JOHANA PALACIO GAVIRIA - abogada

En el Caquetá se están gestando potenciales tragedias ambientales si se da vía libre a la construcción de las hidroeléctricas sobre el río San Pedro y sobre el Orteguaza, que destruirían la cadena alimenticia de miles de pobladores y por ende, la fauna, la flora y la riqueza ictiológica de la puerta de la Amazonía colombiana.

Y que no decir de la explotación petrolera en plena Amazonía, como es el caso del Caquetá, donde se está montando una plataforma con 50 pozos de extracción que literalmente se tragarán el agua de los ríos Bodoquero, Pescado, Sarabando y sus afluentes, acabando con la pesca, la navegación, el comercio y la vida en cientos de kilómetros alrededor de los municipios de Morelia, Valparaíso y Milán, hecatombe que unos pocos  medios y periodistas locales, incluyendo este medio, han venido denunciando desde hace más de una década.

Pero a pesar de todo lo que sucede en el país, de los peligros que representa la minería y las actividades extractivistas en los templos nacionales del agua, como sucede en el páramo de Santurban, en la cordillera oriental que limita a los departamentos del Huila y Caquetá, en la sierra de la Macarena, en el parque nacional del Chiribiquete amenazado por la deforestación; a pesar de todas estas amenazas, el periodismo ambiental está cojo, porque muchos medios se callan con la mordaza de la pauta, con las dádivas que dan las multinacionales para silenciar conciencias, con la publicidad disfrazada de ayuda que estas empresas hábilmente manejan, incluso lavando el cerebro de muchos periodistas que de buena fe aceptan sus directrices creyendo equivocadamente que están haciendo bien su trabajo.

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