El exquisito ballet de Nairo Quintana

Fotografía tomda del fanpage de Nairo Quintana

Sentado en su caballito de acero, con la mirada fija al infinito, devorando a cada pedalazo un pedazo de montaña pirenaica, con un vaivén de ballet fantástico, con las alas desplegadas como un cóndor gigante estudiando su presa, con esa fuerza invencible que tienen los ciclistas boyacenses alimentados con mote, agua de panela y siempre cobijados con la ruana mañanera que a todas horas los acompaña, Nairo Quintana, apuntalado en las combativas piernas de ese gigante español que se llama Alberto Contador, devoró de principio a fin esa  histórica etapa Sabiñanigo Formigal de la vuelta a España, dejando sembrado a su más enconado rival, el combativo Froome, quien pagó con su derrota la osadía de aguantarle cinco tirones en la loma en la anterior etapa, al monstruo del ciclismo de Cómbita.

Hacía muchos años que un ciclista colombiano no unía al país con sus encopetados triunfos en Europa, con dos podios consecutivos en El Tour de Francia, con un título en otra de las grandes vueltas como lo fue la italiana y hoy, con una cadencia espectacular, con esa malicia indígena que nos caracteriza a los colombianos, derrotando en las montañas españolas a los mejores ciclistas del mundo, entre estos al reconocido Chris Froome, quien le ganó el tour por que estaba enfermo, pero que pagó con la pálida en la etapa de Formigal, el haber aguantado los tirones que el impredecible Nairo le pegó en la etapa del día anterior.

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Y en la etapa de este miércoles 7 de septiembre con llegada de montaña de primera categoría en “Más de La Costa”, pudimos apreciar una vez más es rítmico ballet del bailarín del pedal de Cómbita, quien como un mágico colibrí de las alturas, suspendido en el aire pirenaico, resistió impávido los titánicos intentos de su amigo Alberto Contador y del monstruo Chris Froome quien dejó de ser un mito galáctico, para pasar a ser un simple mortal al que Nairo Quintana le dio sopa y seco, esta vez en plenitud de condiciones físicas y no enfermo como sucedió en El Tour de Francia.

  Varios lustros hacía que a los colombianos no se nos arrugaba el alma escuchando la narración de una competencia de ciclismo de primer nivel, desde los tiempos del inigualable Cochise, pasando por Fabio Parra o ese monstruo de las alturas Lucho Herrera, “El Jardinerito de Fusagasugá”, quien nos enseñó que los colombianos también podemos ganar las grandes vueltas y que hoy ve con satisfacción como otro colombiano, esta vez de Cómbita Boyacá, con ese pedaleo rítmico y cadencioso, como los pasos medidos del ballet de Los Nibelungos, deja regados uno a uno sus contendores en las montañas españolas, para regalarnos una victoria de esas que nos hace sentir orgullosos hasta los tuétanos de ser colombianos.

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