Capturado otro monstruo que violó a más de 500 niños

“El lobo feroz”, como  ha denominado la policía a Juan Carlos Sánchez Latorre, otro monstruo colombiano igual o peor que Garavito, “La Bestia” que paga condena en una cárcel de Barranquilla y quien violó y asesinó a más de 170 niños”, el Lobo feroz repito, fue capturado por autoridades venezolanas luego de una larga y tediosa investigación realizada por la policía colombiana.

 

La revista Semana acaba de dar un amplio despliegue a la captura por parte de la policía venezolana, de Juan Carlos Sánchez Latorre, un verdadero monstruo en serie que violó y asesinó a más de 500 niños, principalmente en la costa colombiana, que los violaba y gravaba el terrible delito para vender los vídeos a otro sicópata mexicano, quien fue la pieza clave para la captura del lobo feroz, pues en una redada de la policía del país manito,  cayó con 276 videos de niños colombianos violados y asesinados brutalmente, vídeos que le habían sido enviados por Sánchez Latorre.

La captura de este nuevo monstruo colombiano, vuelve a poner sobre el tapete las penas que se deben imponer a esta clase de asesinos en serie, reviviendo la polémica sobre la necesidad de imponer la pena de muerte en el país, para este tipo de criminales que según los sicólogos, no tienen cura y no se pueden sustraer al embrujo que sobre ellos ejerce la cercanía o la presencia de los niños.

Más escalofriante es el relato que hace Semana sobre una conversación entre los dos sicópatas, el colombiano y el venezolano, conversación en la cual los dos monstruos hablan de manera normal sobre  la forma aberrante como someten y asesinan a sus víctimas y los consejos que se dan para que esos delitos queden impunes.

Los video juegos y los café internet, sitios predilectos donde El Lobo Feroz conseguía a su víctimas, nos recuerdan la vulnerabilidad de los niños frente a las redes sociales y el grave peligro que corren cuando sus padres no les controlan este tipo de actividades.

 Ojalá que este nuevo monstruo sea judicializado de tal forma que nunca más pueda volver a poner un pie en la calle, ojalá que la legislación colombiana sobre este tema se vuelva mucho más contundente y ojalá que esta historia, por demás dolorosa, sirva para que los padres de familia tengan un mayor control sobre las actividades de los niños en las redes sociales, principalmente porque ya está demostrado la vulnerabilidad y el peligro que corren ante los graves peligros que representan este tipo de asesinos, que no vacilan en acabar con la vida de las indefensas creaturas.

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