Y QUIÉN NOS TOMA EN SERIO?

Colombia se encuentra, como de costumbre, convulsionada: concesiones petroleras y mineras a transnacionales en simultánea con los avances de los diálogos de la Habana y la inminente firma de un acuerdo final; resistencia civil de la derecha, esa misma que entrego grandes partes del país en concesión por varias décadas y con amarres económicos que obligan a la Nación a cumplir; paros campesino, indígena y transportador apoyado en algunos sectores por la extrema izquierda y en otros por terratenientes simpatizantes de la extrema derecha; una izquierda política vacilante que busca concretar cuanto antes los acuerdos de la Habana; una comunidad internacional que bajo el argumento de la paz y los derechos humanos defiende los intereses de la inversiones de sus países a través de sus empresas en Colombia y que sueñan con poder explotar nuestras materias primas sin las talanqueras de la insurgencia armada; una guerrilla preocupada por la caída de los modelos de izquierda política en Latinoamérica que sabe que los ideólogos se envejecieron y quedan nuevas generaciones de aventureros y ambiciosos en sus filas que en poco contribuyen a una verdadera lucha política porque claramente los desvelan los rentables negocios de lo ilegal.

Colombia esta convulsa, pero los medios juegan su papel, especialmente esos medios que representan a los principales grupos económicos: Ardila Lulle (RCN-Semana), Julio Mario Santodomingo (Caracol), Luis Carlos Sarmiento Angulo y grupo PRISA (El Tiempo-City Tv). Dan garrote y zanahoria al gobierno, lo primero para que este afloje en la defensa de los intereses de estos particulares y lo segundo para que no se afecte del todo la “institucionalidad” y asi mantener a la gran masa popular distraída y evitar que haya una fuerza social que ponga en riesgo los intereses que por mas de 50 años, tanto como el tiempo que lleva las FARC alzada en armas, han conservado jugando a ganar con cara y con sello. Es importante entender esta doble manera de poner a pensar a la gran masa popular para que al final no se salga el poder de su control. Los medios ejercen la función de construir permanentemente las mentes del pueblo para que repitan el esquema de una generación a otra y así mantener la hegemonía del poder: el futuro para los conglomerados económicos es perpetuar el presente que ya acumula una vergonzosa desigualdad frente a toda América Latina.

El pueblo mantiene las conductas que el mercado, controlado por los grupos económicos, espera obtener y por eso cada vez son más los adeptos a los eventos masivos, a ponerse la misma camiseta a nombre de un sentimiento patrio que se incrementa con el consumo del licor emblemático del futbol. Entre más aumenta el sentimiento patrio más aumenta la renta de los grupos económicos. Así las cosas, resulta poco importante que la inflación, el desempleo, las privatizaciones de lo público se incrementen, pues al fin y al cabo entramos en la espiral de la resignación porque nadie nos toma en serio y algunas voces que se abstraen de lo cotidiano se empiezan a preguntar la razón por la cual ocurre eso.

Qué ocurre que el Estado colombiano está a punto de firmar un tratado con las FARC que muy probablemente será elevado a rango de tratado internacional, que el Estado colombiano ha entrado a la OCDE y con los compromisos de los Objetivos del Desarrollo Sostenible también se ha comprometido a respetar los acuerdos comerciales con los estados y los particulares que pertenecen a aquellos países que integran este selecto club, muy a pesar de los reclamos de la gente, de los efectos reales en materia humanitaria, ambiental y social. Incluso la pregunta va mas allá: porque con ellos sí y con los campesinos y con los indígenas no?

En otra ocasión explotamos la hipótesis de la instrumentalidad de los acuerdos de paz en favor de quienes tienen interés desde la comunidad internacional por explotar nuestros recursos naturales en la línea de la hegemonía de occidente que está muy afectada por los acuerdos ruso-chinos y de otras economías emergentes. Esta hipótesis hace tránsito a tesis probada por la realidad en la medida en que simultáneamente con los deseos de paz y del apoyo internacional, la economía interna se liberaliza más, se desmontan los derechos sociales en los sindicatos de maestros, se incumplen los acuerdos del pacto agrario, se incumple con los acuerdos al sector transportador, se privatizan empresas como Isagen y se juega a romper la protesta indígena y campesina por la vía del cansancio.

Cuál es la razón entonces de todo lo que ocurre? Lamentablemente tenemos que decir que es EONOMICA y en mayúscula.

1. Los acuerdos de la Habana se hacen con un movimiento que sistemáticamente se mantiene vigente alimentado por el mismos usufructo de los privilegios de las castas sociales más rancias del país y que hoy se oponen al acuerdo si reconocer su responsabilidad en la tragedia del país. Desde luego que esa lucha armada no creció políticamente como esperaban sus ideólogos iniciales, pero sí lo hizo en materia económica, militar, acumulando armas, tierras, bienes, mediante el usufructo y control de todo aquello que estuviera fuera del control económico de las elites y en algunos casos trabajando en sociedad con ellos, aplicando la combinación de las formas de lucha.

El largo itinerario que la guerra ha recorrido en Colombia ha enriquecido a los actores de esta y ha empobrecido a los que no tenemos relación directa con esa manera de resolver las diferencias. Hoy existen grandes fortunas que buscan legalizarse al amparo de los acuerdos de paz, pero también existe gran cantidad de armas pendientes de que lo pactado se cumpla.

Esta es una gran diferencia entre el poder acumulado de la guerrilla, con todo y lo grotesco que esto signifique en materia humanitaria, y las reclamaciones del pueblo campesino e indígena porque estos últimos no han acumulado riqueza y armas, tan solo han procurado mantenerse reclamando sus derechos al interior del marco jurídico vigente.

2. Los concesionarios petroleros y mineros tienen un gran poder coercitivo sobre el mismo Estado debido a que son amparados por los gobiernos de sus países de origen o son donantes o han ofrecido donaciones para ayudar a Colombia, sin embargo estas contribuciones se condicionan a darle garantías a sus empresas para desarrollar su actividad comercial dentro de las lógicas del libre mercado y la libre competencia. Es de nuevo aquí la razón económica la que pesa, muy por encima de la decisión del Conejo de Estado de llevar las concesiones a consulta de las autoridades de los territorios, sin embargo ocurre que la ley no es retroactiva y las concesiones mayoritariamente ya fueron entregadas antes de esta decisión judicial.

En este caso, mientras las empresas transnacionales tienen a sus gobiernos que defienden sus intereses y el Estado colombiano está obligado a honrar esos acuerdos comerciales, los campesinos e indígenas no cuentan con un Estado que atienda sus reclamos e irónicamente el mismo Estado al que pertenecemos sacrifica nuestros derechos fundamentales para atender los compromisos internacionales que ya se han firmado en el pasado y que se seguirán firmando en el futuro.

Frente a este panorama huelga decir que siempre nos preguntaremos ¿Y Quién nos toma en serio?. Claramente los gobernantes, los guerrilleros de la Habana, los grupos económicos, la comunidad internacional, y todos quienes tienen poder de decisión en este país están defendiendo sus negocios; por esta razón fundamental, entre otras que puedan surgir, es que la respuesta a esa pregunta es: Tomémonos en serio. Que las directivas de los sindicatos que dirigen protestas monumentales no entreguen a sus compañeros de lucha a cambio de mejorar su situación personal, que los dirigentes del paro agrario, indígena y transportador no entreguen sus banderas cuando el cabildeo del Estado, experto en eso, empiece con las ofertas a nivel individual que lleven a fracturar la protesta social mediante divisiones internas como ya se ve venir, que en el momento en que la voluntad popular entregue la confianza a sus líderes, surgidos de la base, para gobernar, las practicas no sean las mismas que en el pasado se criticaron porque hoy siempre decimos que el poder de la izquierda es como el violín: “se toma con la izquierda pero se toca con la derecha”.

Las construcciones o destrucciones sociales son acumulativas y avanzan o se deterioran de acuerdo con la coherencia de los dirigentes y el acompañamiento adecuado de las bases. Es por eso muy importante que más que demagogia y capacidad para gritar arengas en los mítines contra el Estado o sus gobernantes, se tenga la capacidad para la educación y la formación en una ética política férrea que se resista a las epistemologías del mercado para no tranzar los valores que llevan a que el pueblo deposite su confianza en nuevos dirigentes, con la esperanza de que haya verdaderos cambios. Educación política, más cerebro y menos estómago, más coherencia y menos demagogia, más reflexión estratégica y menos palabra ligera. Estos son componentes que nos indican que nos estamos tomando en serio porque no podemos esperar que venga un mesías a hacer por nosotros lo que nosotros no hacemos por nosotros mismos.

Tomarnos en serio es no esperar que los ilegales, los politiqueros, los gobernantes sujetos a un régimen jurídico amañado al capricho de los intereses de los grupos económicos, que la comunidad internacional, nos brinde la solución, cuando lo que está en juego es nuestra propia subsistencia, por el riesgo en que se encuentran nuestros ecosistemas, nuestras aguas, nuestros suelos y nuestras generaciones adormecidas por la guerra mediática que al ser tan de baja intensidad no la percibimos, pero que hace un daño enorme a la construcción de mentes verdaderamente nacionalistas en procura de los intereses colectivos del país. Tomarnos en serio es sacudirnos la droga mediática que todos los días nos inyectan los grupos económicos a través de sus medios de comunicación, formándonos nuestro propio criterio, elaborando nuestra propia interpretación de los acontecimientos y construyendo tejido social organizado sobre la base un proyectos a mediano plazo en medio de la dificultad que representa la inmediatez aliada del fracaso.

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